“¡Aire, soñé por un momento que era aire: oxígeno, nitrógeno y argón; sin forma definida!”, cantaba el grupo Mecano. Aire en todas sus acepciones. Aire limpio que respirar, aire que nos acaricia, aire que inunda nuestra vista frente a paisajes de amplios horizontes. Esto es la Ribera del Duero, su esencia: aire, y todo un sueño. Un sueño realizable con tan solo abrir los ojos. 

Este verano es una magnífica ocasión para sumergirse en esos horizontes casi infinitos y dejarse mecer por paisajes sosegados, por viñedos que se visten de verde para refrescar la mirada. “¡Verde que te quiero verde! / verde viento, verdes ramas”, como declama el poema lorquiano. 

Paisajes en los que mimetizarse con largos paseos. Caminar, rodar en bicicleta, sentarse junto al camino. Las posibilidades son muchas, así como las actividades que pueden realizarse, que nos desconectan del ruido. Playas fluviales, embalses en auténticos parque naturales en los que palear en piragua corriente arriba, corriente abajo. Rábano, Quintanilla de Arriba, Fuentidueña, suenan a río, a río Duero y a su afluente: Duratón.

Las dos primeras localidades se bañan tanto en el afluente como en el gran río en dos playas fluviales preparadas para tal fin, y, Fuentidueña, con el embalse que regula el cauce del Duratón, se puede practicar piragüismo o ensimismarse contemplando el vuelo de los buitres leonados, entre grandes hoces, que pueblan este gran y bello espacio natural.

Aire, agua, verdes vides. El placer está servido.