Por motivos obvios el 2020 no ha sido un año bueno tampoco para el sector del vino. La paralización o el funcionamiento a medio gas de la hostelería, principal canal de ventas de sector, ha hecho que las ventas de vino hayan caído, algo de lo que se tenía certeza absoluta.

Las ventas han caído pero quizá no tanto como se esperaba. La confianza de los consumidores en marcas consolidadas como Ribera del Duero ha hecho que esta denominación en concreto solo haya descendido sus ventas en un 11,9%, algo que tiene aun más mérito en un año tan difícil y complicado como ha sido este 2020. Al final de este el número de contraetiquetas que el Consejo Regulador ha entregado a las bodegas ribereñas ha sido de 78,4 millones. Las contraetiquetas certifican que el vino pertenece a una denominación concreta y son solicitadas por las bodegas teniendo en cuenta las ventas que tiene previstas. Cada contraetiqueta sella una botella.

Igual de destacable, además de la gran confianza de los consumidores la marca Ribera y en la calidad de sus vinos, es el hecho de que los amantes de estos vinos durante este último año han demandando (en los canales disponibles: online, supermercados, tiendas especializadas…) vinos de más alta gama, vinos que continúan su escalada de ventas. Hablamos de los crianzas, reservas y grandes reservas.

Los consumidores compran vinos de Ribera más caros con la plena confianza de que adquieren la más alta calidad.